Álbum

Inspira

Acaba i començaBankrobber, 2022

Los discos de Inspira siempre han basculado entre la evocación de la intimidad y la apelación a lo colectivo, entre la confesión y la proclama, quizá porque entienden que lo individual también es necesariamente político, aunque eso no derive en el derecho a sermonear a nadie más de lo estrictamente necesario. Y eso vuelve a ser patente (quizá más que nunca) en su sexto álbum en quince años de trayecto, que llega tras un parón de siete durante el que su líder, Jordi Lanuza, despachó disco en solitario, aquel paréntesis que fue “Com a casa” (2018).

Confesaba Jordi que por aquel entonces, hace cuatro años, ya tenía escritas tres o cuatro canciones de lo que sería este álbum. Y algo de eso debe haber, porque se nota su cocción lenta y meditada, como si ningún cabo debiera quedar suelto por su condición crepuscular, su vocación de permanencia en el tiempo. Sabe a experiencia acumulada y a sabia maceración de todos los preceptos de su manual expresivo. Con textos sencillos pero rotundos.

Fiel a su título, es un trabajo de recapitulación y fin de etapa, aunque con final abierto: basta escuchar esa coda final llamada “(Espiral ascendent)”, armada sobre unos coros de hechura moderadamente épica, que también comparecen en cortes como “La teva memòria” o “Una nova vida”. Entre lo cercano y lo expansivo, la gran mayoría de sus canciones suenan con nervio y a la vez con nostalgia, asistidas por la producción del habitual Pau Vallvé, las mezclas de Victor Garcia en los estudios Ultramarinos y el sostén instrumental del bajo de Darío Vuelta, la batería de Xavi Molero y los coros de Fer Acosta, registrados en la Casa Murada de Banyeres del Penedès (Tarragona), otro rincón más que frecuentado por la banda.

El folk sin manual de estilo emerge en “La teva memòria” y el sosiego en línea directa con la escuela metafísica de Ferran Palau y El Petit de Cal Eril asoma en letanías como “El pla adequat”, pero es en los momentos más fornidos y electrizantes cuando más luce su temario: el medio tiempo a lo Neil Young (o a lo Will Johnson, si buscamos un referente más de andar por casa) de “El desig original”, el empuje cadencioso de “Acaba i comença” y el juego de intensidades de la emocore “La ignorància extrema” sustancian los momentos más jugosos de este álbum circular, que tiene su frontispicio en “Al bar Vinil”, oda a la segunda casa de su autor, el local de Gràcia –punto de encuentro de buena parte de la escena pop barcelonesa– en el que se ha estado ganando la vida durante todo este tiempo. Porque (casi) todo está en los bares. Qué lugares. ∎

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