https://assets.primaverasound.com/psweb/w4aq8i7o8wuujtpfo9vu_1635334439360.jpg

Firma invitada / Hago cosas, voy a sitios, veo gente

El minuto siguiente

C

uando te dedicas a inventarte el minuto siguiente de tu vida, hay momentos en los que de repente se te desordena la realidad y es un sindiós.

Y es en esos momentos cuando te acuerdas de todos aquellos trabajos de mierda que has padecido en tu vigesímica* vida laboral y los echas de menos como si fueran amistades de la infancia.

Recuerdo ahora, no sin cierta nostalgia, cuando pasaba a máquina autopsias y anatomías patológicas en el Hospital Clínico de Madrid. O cuando dediqué mis días a cortarle un centímetro de ancho a una tela que tenía un kilómetro de largo para una exposición. O cuando limpiaba casas que ya estaban limpias; también fui señora de la limpieza de un tablao flamenco en López de Hoyos. He sido, por supuesto, camarera en Malasaña, secretaria, recepcionista en centros de salud, he pegado carteles, he repartido publicidad y más cosas que se me olvidan o son ilegales y no puedo comentar.

Durante algunos veranos fui profesora de idiomas y aún me recuerdan mis alumnos que les dejaba fumar si hablábamos en inglés. Yo tenía dieciocho y ellos, ocho. Aprobaban.

Trabajé también con un ginecólogo dedicado a inseminaciones artificiales que al terminar salía fumando con su paciente de la consulta. En el siglo XX casi todo el mundo fumaba después de follar.

La mejor época es cuando hice de taquillera en el teatro Alfil. Qué maravilla de época. Con los jefes, con su horario, con el sueldito y todo aquello que tanto me sacaba de mis casillas entonces.

Y es que todos estos empleos tenían algo en común que es lo que ahora extraño. Había una norma, un horario, había principio y fin y solo existía una manera de hacerlo bien.

Total, que llegó el siglo XXI y empecé a dedicarme a lo mío. Y aquí estoy, intentando organizarme entre las deslealtades de la realidad de los últimos tiempos.

Lo peor ha sido la muerte de mi perrina Musa María, un duelo metabólico que me tiene agarrotada. Era mi mujer, mi marido, mi hija, mi madre, mi vecina de vida en los últimos 14,9 años. Y de repente no está ya nunca más conmigo y es como si de todo lo que tenía dos me hubieran arrancado uno.

Me he quedado huérfana y viuda a la vez y encima echo de menos aquellos trabajos de mierda y os lo quería comentar. ∎

*vigesímica/o: del siglo XX.

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados