Hace algo más de diez años, cuando publicó “R.I.P” (2012; el título ya avisaba), Darren Cunningham dijo que quería dejarlo. Estaba cansado, desmotivado, harto de pasar horas encerrado en el estudio. Una década después, sin embargo, asegura que no tiene ninguna intención de parar y que su compromiso consigo mismo es el de hacer música siempre, hasta el infinito. Y de nuevo el título de su disco es, en ese sentido, explicativo: “LXXXVIII”, ochenta y ocho en letras romanas; símbolo del infinito.
Está claro que ha habido un cambio significativo en la vida de Actress. El más importante es personal y no tiene que ver directamente con la música: Cunningham ha sido padre dos veces, la última hace ahora un año. Parece también haber una intención –al menos desde el sello– de presentar este noveno LP como poco menos que su disco definitivo: la culminación de veinticinco años de carrera, dicen en la nota de prensa. No hay para tanto. De hecho, “LXXXVIII” es otro disco 100% Actress, seguramente unas décimas por debajo de “Karma & Desire” (2020; favorito personal) pero también más elaborado y brillante que “88”, disco hermano autopublicado ese mismo 2020 a modo de mixtape o banco de pruebas.
¿Y qué significa un disco 100% Actress? Pues, de entrada, siempre palabras mayores. La confirmación de un lenguaje techno que no admite comparaciones, subterráneo, repetitivo, inquietante, reptante, expansivo y embaucador. Y, otra vez, como en “Karma & Desire” (y también en algunos pasajes de “AZD”, del 2017), con abundantes voces: en ocasiones cercanas al R&B (“It’s Me”), en otras deudoras de la tradición jamaicana y el dubstep (en “Typewriter World” parece que es The Spaceape resucitado quien canta; ojalá), siempre sampleadas, filtradas, chopeadas y puestas al servicio del ritmo y la textura. Cunningham combina con maestría piezas de clubbing no aptas del todo para el club con momentos de ensoñación y lirismo abrumador, como la maravillosa “Hit That Spdiff”, construida alrededor de una esquelética melodía de piano, o la casi imperceptible “Green Blue Amnesia Magic Haze”, muy probablemente pensada como una nana ambient para sus hijos.
Quedan aún dos elementos más para entender y terminar de perfilar el Actress del 2023: el ajedrez y el concepto de “game theory”. El primero aparece en la portada con la pieza de un caballo y en los títulos de los tracks, todos ellos marcadas con un movimiento sobre el tablero en paréntesis: “Push Power” ( a 1 ), “It’s Me ( b 8 )”, “Azd Rain” ( g 1 ), y así. El segundo término, que indica la necesidad que tiene un jugador online de tener presentes los movimientos de los demás compañeros para tomar sus propias decisiones, puede ser trasladado a su música de dos maneras distintas: la que relaciona los diferentes instrumentos de su estudio (entre ellos, ocho ordenadores; de nuevo el número mágico); o el que establece este nuevo disco con sus anteriores álbumes (y si este es el noveno, ya sabemos cuantos hay antes, ¿verdad?). Lo mejor de todo es que esta vez sabemos que no estamos ante un posible “Game Over” (título de uno de los mejores tracks del disco) sino todo lo contrario: que la partida es larga; tanto, que quizá no se termine nunca. ∎