Si “Disintegration Loops” (2002-2003) de William Basinski tuvo secuelas, ¿cómo no iba a tenerlas “PHANTOM BRICKWORKS” (2017)? Más que un disco, era un lugar encantado: una exploración auditiva de espacios deteriorados y arquitecturas olvidadas donde el tiempo parecía haberse congelado. Con su continuación ocurre tres cuartos de lo mismo; más que una segunda parte, se escucha como el eco espectral del hechizado minimalismo del original, llevando al oyente a la espesura de una Gran Bretaña olvidada. Es una banda sonora para un paisaje entre la ruina y el renacimiento, donde las reliquias industriales y la quietud rural se fusionan en algo melancólico pero extrañamente radiante.
Esta nueva entrega abre la puerta a un frío más agudo, como si el refugio seguro de la nostalgia de su predecesor se viera corrompido por las duras realidades de los últimos años. Bibio distingue esta obra con una desolación tonal, arraigada en las ansiedades culturales y ambientales del presente, pero sin caer en la trampa de la desesperación. Persiste, eso sí, el don de Stephen Wilkinson de crear mundos íntimos y lo-fi, con texturas de pianos impregnados de humedad, como la de un salón vacío en un pueblo, y guitarras en bucle que se desmoronan como viejas fotografías expuestas al sol. Estos detalles otorgan a la música una cualidad frágil y profundamente humana.
Pistas como “DINORWIC” y “SPIDER BRIDGE” son postales sonoras de lugares en los que nunca has estado, pero que, de alguna manera, recuerdas. La primera evoca una cantera galesa abandonada, con sus contornos artificiales ahora desdibujados por la erosión de la naturaleza, mientras que la segunda narra la historia de un puente peatonal desmantelado en Kirkintilloch, ahora medio reclamado por la tierra. En otra liga juega “DOROTHEA’S BED”, construido a partir de un a capela polifónico de Vashti Bunyan, donde cada loop añade una capa más de profunda tristeza: un luto por el tiempo perdido y los lugares olvidados.
Con “PHANTOM BRICKWORKS (LP II)”, Bibio reafirma su maestría en lo que podría llamarse arqueología auditiva. Es un álbum que se adentra en las grietas del tiempo y extrae resonancias olvidadas: música para deambular por ruinas imaginarias y mundos que se han desvanecido fuera de nuestro alcance, como esa niebla que se disuelve antes de que puedas atraparla. ∎