Álbum

Baio

Dead Hand Control Glassnote-Popstock!, 2021
Nunca ha estado muy claro qué aportaba cada uno de los componentes de Vampire Weekend a su proceso creativo, aunque los últimos movimientos de la banda neoyorquina parecen invitarnos a pensar que se trata de un proyecto de Ezra Koenig apoyado por músicos de lujo. La trayectoria en solitario del bajista Chris Baio lleva ya más de un lustro descubriéndolo como un creador con carácter y entidad propia, forjado en la electrónica (ejerció como DJ antes de integrarse en VW) y con una elegante habilidad para crear canciones pop verdaderamente contagiosas. 

Su tercer álbum no alcanza el nivel de sorpresa obtenido por su infravalorado debut, “The Names” (2015), pero se mantiene a una altura estimable. En cierto modo, lo veo actualizando el legado de los primeros Depeche Mode y otras bandas de synthpop de los 80, incluso a nivel temático, ya que “Dead Hand Control” se refiere a la paranoia nuclear y a un misil soviético de la Guerra Fría, pero él lo traslada a los miedos generados por el trumpismo. Su conclusión es que lo único que podemos controlar es el modo en que tratamos a los demás y, así, de modo un tanto perezoso, la mayoría de los textos son variaciones sobre el cliché “si me necesitas, yo estaré a tu lado”. En algún momento lo hace con especial gracia, como en los versos Oh, when you wanna hear some Cave, I can put on ‘Stagger Lee’ / If you’re lookin’ for a rave, we can dance to ‘Set You Free’ / When you’re sick of all the noise, I’ll play ‘4’33’’’’ (los musiqueros más avezados captarán los guiños). 

No obstante, sus aportaciones más interesantes están en unas estructuras cambiantes que se encogen o se estiran (hay temas de 2 y 3 minutos, pero también de 7 y 9) y que siempre tienden hacia desenlaces pegadizos. Sobre todos, destaca el tema que titula el álbum, una maravilla que parece casi un homenaje a The Magnetic Fields. ∎

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