Álbum

Batu

OpalTimedance, 2022

¿Qué queda por hacer en tu primer álbum cuando parece que ya lo has dicho todo antes de que llegue a ver la luz? Batu –Omar McCutcheon en su partida de nacimiento– llevaba años cargando ese dilema sobre los hombros. Como ocurrió con Koreless y su inagotable “Agor” el curso pasado, McCutcheon se estrena en formato largo casi diez años después de haber iniciado una cruzada contra las convenciones de la música de club tanto a través de sus propios temas como de todo lo que ha editado bajo el paraguas de Timedance, el sello que dirige desde Bristol, contribuyendo a redibujar la estirpe británica del techno.

En “Opal” Batu parte de lo aprendido a lo largo de la última década, sobre todo en cuanto a las secuencias y los patrones de ritmo, y expande el perímetro que delimitaba su estilo para explorar la cualidad más ambiental y preciosista de su sonido. Parece mucho más interesado en construir espacios a través de las texturas y los juegos de claroscuros del diseño sonoro que en el impacto de sus ritmos apabullantes.

El ópalo es una de las piedras preciosas más poderosas y misteriosas. Al reflejar la luz, su superficie adquiere un brillo iridiscente que contiene todos los colores del arcoíris. Se cree que su poder potencia la consciencia cósmica y la creatividad, ayudando a destapar el talento, y no es extraño que Batu lo haya elegido para dar nombre a su primer álbum: en estos temas, la música también es un prisma de muchos lados que revela varias caras, casi todas relacionadas con una versión mucho más delicada –también intrigante– de su identidad como productor.

Las únicas pistas de esa faceta más frágil estaban en sus producciones para serpentwithfeet en varios de los temas de “DEACON” (2021), un disco lleno de ternura que revisaba la visión canónica del R&B a partir de materiales digitales, conjugando estructuras y melodías más clásicas con un acercamiento singular a la producción de los ritmos o el tratamiento de las voces. Josiah Wise le ha devuelto el favor prestando su inconfundible falsete a “Solace”, uno de los momentos álgidos de “Opal”, que lleva más allá su trabajo juntos –se les nota más libres, incluso, fundiendo soul y góspel en un armazón sonoro de corazón dub– y deja entrever muchas otras posibilidades para Batu si sigue arropando voces como esta.

“Solace” encierra algunos de los hallazgos más deslumbrantes de “Opal”. También hay momentos que calan en el inconsciente en espejismos hechos de ambientes y melodías de cristal, como “Emulsion Of Light”, “Eolith” o “Mineral Veins”. Batu ya había utilizado parte de esa paleta sonora en algunos detalles de producción en “DEACON”, pero “Opal” pone el foco sobre esas ideas para ampliar la imagen y detenerse en la minuciosidad con la que está esculpida la música. Hay una voluntad muy clara de trascender la pista de baile.

Hasta ahora, en los temas de Batu primaba el músculo: una pulsión primitiva, impenitente, que tomaba la forma de ritmos desmedidos, pero cuidadosamente diseñados. Su dominio total de un lenguaje techno muy personal, con injertos de UK garage, dub y sonoridades industriales, volvió a hacerse patente en “I Own Your Energy” (2021), un EP que, de algún modo, sirvió como colofón a esa carrera por resituar los límites y las posibilidades del club con cotas que parecían (y probablemente son) imbatibles.

Por supuesto, Batu no ha estado solo en esa búsqueda y, más que logros individuales, muchos de sus méritos a lo largo de los años son parte de un triunfo colectivo, compartido con escuderías afines a Timedance como Wisdom Teeth, Hessle Audio, Well Street y, sobre todo, Livity Sound, y con otros productores de Bristol como Hodge, Ploy o Laksa. Pero ese empujón hacia el techno del futuro –siempre de la mano de ritmos virulentos y graves descomunales– parece haber dejado de ser una prioridad para Batu. Lo que no quiere decir que haya abandonado por completo ese registro.

“Opal” también recoge cortes que hibridan formas avanzadas de techno y dub como “Even Here”, “Atavism” o “Squall” y que desatarían toda su fuerza y sus matices en el sistema de sonido de Fabric. Pero da la sensación de que, más que ampliar el campo de batalla, lo que Batu necesitaba era recapitular: dejar de perseguir horizontes que se suponían inalcanzables para mirarse adentro. Esa motivación introspectiva lo ha ayudado a encontrar una inspiración distinta, otra aproximación a su sonido, capaz de concebir lo macro a través de la obsesión por lo micro.

En parte, esa transformación también se explica a través de cambios en su proceso de trabajo, mucho más colaborativo que de costumbre: hay fragmentos de instrumentación orgánica y otras fuentes de audio, aportados por Memotone y Air Max ‘97, que Batu ha procesado y diseminado a lo largo de estos temas. Son detalles de varios segundos, apenas distinguibles en apariencia, que esmaltan estas pistas, dotándolas de brillos y texturas y cambiándolas de color. Haciendo que la energía mute.

El acercamiento de Batu a la euforia siempre ha sido cerebral, basado en la búsqueda de una morfología inédita del sonido que, a su vez, pueda alumbrar dinámicas desconocidas, pero aquí lo que prima es la cohesión y la coherencia del álbum como un todo, así como su recorrido. Hay una intención narrativa más allá de la expresividad en bruto de “I Own Your Energy” y casi todo su material anterior.

Por eso una de las mayores bazas de “Opal” está en su secuencia, en las transiciones y los intersticios entre los cortes (o las distintas partes de un mismo tema). La energía sísmica de “Convergence” surge de un reservorio de fluidos flotantes de apenas un minuto, estallando en violentas sacudidas como latigazos cervicales. Los graves de “Even Here” y “Atavism” podrían rebotar dentro de un cubo de poliuretano, pero Batu parece más centrado en el ecosistema sonoro de disonancias y ecos degradados que rodea al ritmo que en el ritmo en sí mismo. Son esos elementos lo que soportan toda la tensión de estos temas.

Si Batu había hallado su forma de hacer a partir del maximalismo, construyendo su identidad sonora a través de la expansión constante y los golpes de efecto, en “Opal” esa inercia ha entrado en remisión: aquí prevalecen la contención y el equilibrio, no lo espectacular. Batu busca una geometría fundamental, capaz de dar armonía a cada detalle en el sonido, de hacer que la música se suspenda como un orbe perfecto flotando en el vacío. ∎

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