84 temas en cinco horas, siete compactos (ocho discos en la versión vinilo, editada en dos mil copias; la versión CD es de mil copias) y dos singles: “1971-1974”, un formidable recopilatorio de la primera época de la banda alemana Faust con muchos y jugosos complementos. Para degustar a ritmo lento, un disco al día, por ejemplo, aunque todos de golpe tampoco está nada mal dada la versatilidad y gusto por los cambios, no de álbum a álbum, sino incluso en un mismo tema, y de idioma a idioma (alemán, francés e inglés), que siempre tuvieron las huestes de Jean-Hervé Péron, un grupo situado en el mismo podio que Can y Neu! en cuanto al rock alemán de los 70, y sin saber muy bien cuál ocuparía la primera, la segunda y la tercera plaza.
Abre el fuego “Faust” (1971), con los órganos litúrgicos de “Meadow Meal”, el collage sonoro con múltiples texturas, juegos electrónicos, variaciones y saxos callejeros de “Why Don’t You Eat Carrots” y algo de krautrock psicodélico, entre otras cosas, en “Miss Fortune”.
Sigue “So Far” (1972), donde la métrica kraut conjuga bien con estribillos pop (“It’s A Rainy Day Sunshine Girl”), aparecen ecos de Gong en su período tetera volante (“Mamie Is Blue”), un teclado de juguete marca un ritmo bromista sobre el que puntean saxos de hard bop y guitarras de rock ácido (“I’ve Got My Car And My TV”), las extensas duraciones permiten todo tipo de permutas estilísticas con guitarras en riff y ritmos musculosos que harían las delicias de Conny Plank (“No Harm”) y hay espacio para miniaturas acústicas ( “On The Way Of The Abamae”).
“The Faust Tapes” (1973), palabras mayores. Aquí se imponen los temas de recorridos más breves (26 frente a los tres y nueve de los dos primeros álbumes), la mayoría de ellos aparecidos sin título en el vinilo original. Las gentes de Virgin, que entonces andaban contentas con el “Tubular Bells” de Mike Oldfield, fueron ingeniosas y lo pusieron en las tiendas al mismo precio que un 7”, por lo que es el disco más vendido del grupo. Los ritmos marcados y repetitivos de “J’ai mal aux dents” se relacionan bien o entran en conflicto con los fragmentos de sonidos cotidianos capturados en una habitación o un bar (“Beim nächsten Ton ist es…”), las derivas instrumentales (“Two Drums, Bass, Organ”), las baladas (“Chere chambre”) o la música industrial (“Elerimomuvid”).
“Faust IV” (1973) bascula entre su seminal disquisición sobre el propio género en el que los encuadraron, el tema “Krautrock”, la guitarra ágil de “Just A Second”, los pasajes a lo Popol Vuh de “Läuft… Heist das, es läuft oder es kommt bald… Läuft” y la rítmica metronómica de “Giggy Smile”, que empieza muy kraut y luego deriva hacia los espacios del free jazz con el trabajo de saxo para replegarse en un bucle rockero sin fin.
Tras los discos oficiales, aparecen los complementos. “Punkt”, conocido también como “Munich Album”, fue grabado en 1974 en el estudio de Giorgio Moroder y había permanecido inédito hasta la fecha. No acaba de entenderse que permaneciera archivado, porque no está en desventaja con el resto de los discos de esta etapa: la trepanación sofocante de “Morning Land”, el largo trance de “Knochentanz” (diríase que alumbrado por The Master Musicians Of Jajouka), o esos interludios al piano blues y jazz que imponen las diversas partes de “Schön rund”.
28 piezas más se encuadran en dos discos de rarezas tampoco publicadas, “Momentaufnahme I” y “Momentaufnahme II”. Son eso, instantáneas (momentaufnahme en alemán), mucho más libres aún que los temas codificados en los discos oficiales: ambient sinuoso, blues, kraut tan magnético como narcótico (“Arrampicarsi sul Vesubio”, del volumen II, es definitorio), electrónica analógica, viajes modulares al ciberespacio, free jazz, pre-noise, extravagancias sin pulir, rock oscuro, improvisaciones, intervalos acústicos en duermevela… Ellos mismos se ríen de según qué conceptos: uno de los cortes lleva por título “Weird Sounds Sound Bizarre”.
Además de un libro con generoso material fotográfico, la caja contiene también un par de 7” muy difíciles de encontrar. Uno es el primero que publicaron en 1972 en Polydor –el sello de sus dos primeros álbumes–, con una versión reducida de la canción “So Far”, del segundo disco, y el adelanto de un tema que incluirían en el cuarto, “It’s A Bit Of A Pain”, una suerte de blues acústico de repente ensuciado con parásitos eléctricos que seguramente escucharon con ahínco los hermanos Reid cuando ideaban The Jesus And Mary Chain. El otro es aún más apetecible, ya que contiene dos temas rechazados en su momento por Polydor, “Lieber Herr Deutschland”, una apología revolucionaria, y “Baby”, en el que realmente parece que la guitarra la toque Michael Karoli y la voz sea la de Malcolm Mooney, es decir, la fusión modélica entre Faust y Can. ∎