Álbum

Fort Romeau

Beings Of LightGhostly International-Popstock!, 2022

Para encontrarle un significado a la música instrumental solemos recurrir al relato del compositor como principal fuente de información. La imagen con la que quiere vincular la obra, normalmente la cubierta del disco, es lo más inmediato. Le siguen los títulos o la intención que el autor les asocia. A veces nos lo ponen fácil, como The Orb con sus discos estratosféricos. La ciencia ficción, la inteligencia artificial o las cuestiones medioambientales son temas recurrentes en este fascinante mundo de abstracción. Otras veces, como es el caso de “Beings Of Light”, el meollo del asunto no resulta tan evidente. Al parecer, “Ramona” es una referencia al club de Robert Johnson en Offenbach, sede de los recopilatorios “Lifesaver” –cuyo cuarto capítulo estuvo dedicado a Andrew Weatherall–. “Spotlights” lo es al cielo nocturno de NYC.

El tercer disco largo de Fort Romeau, segundo para Ghostly International, es un ensayo de electrónica exploratoria con una base de house progresivo en el que su joven artífice, Michael Greene, aprovecha el formato “álbum” para desarrollar una idea o juego. Eso que, echándole a veces imaginación, suele calificarse de “conceptual”. Un propósito seguramente menos lucrativo que la creación de hits dance como “Pablo” (2018) o de remezclas para nombres como Ela Minus o alt-J. No hace falta graduarse en Música y Arte Visual, como Greene, para explicar Fort Romeau. Pero quizá ayude a entender la apertura de sentido que empieza a advertirse en “Beings Of Light” con lo dicho hasta ahora, también desde luego con su música, y con la composición operística de su portada, tomada del genial fotógrafo Steven F. Arnold, fallecido de VIH en 1994.

La obra de este colaborador de Salvador Dalí, quien se vio deslumbrado con su mágico imaginario queer, funciona como leitmotiv de un disco que apuesta, diríase que un poco sinestésicamente, por lo visual: la onírica imagen de Arnold, titulada “The Power Of Grace”, también da nombre a uno de los cortes del álbum –y casi justifica por sí sola la adquisición del disco de vinilo–. Un tema que recuerda mucho al deep house de clics, baquetas y bastoncillos de Herbert. Si “seres de luz” son los ángeles de Wim Wenders o del mismo Arnold, luciérnagas y demás criaturas fluorescentes, los cuerpos de dos patas que llenan las pistas de baile –aunque sea con mascarilla–, o las luces sempiternas de la gran ciudad, solo lo sabe el bueno de Greene. Pero si unimos todo esto a los polimorfos mundos sonoros que pone sobre el tablero, más refinados que los de “Insides” (2015), un disco que apuntaba más hacia el post-punk electrónico, la pócima de Fort Romeau tiene los ingredientes idóneos para que surta su benéfico efecto.

El disco empieza con “Untitled IV”, una minisinfonía house old school coronada de matices industriales, ligeros arreglos de cuerda y vientos, y efectos de lluvia, un motivo cinematográfico que Greene mantendrá a lo largo de un álbum mucho más positivo que distópico. La tensión rítmica es también una constante en “Beings Of Light”, con la excepción de los intermedios ambient de “(In The) Rain” y “Porta Coeli”, entre el sueño aborigen de Steve Roach y las bandas sonoras de Vangelis. El riesgo de caer en el tópico es cierto, pero Fort Romeau hace valer la vertiente fantasmal insertando voces sampleadas en diálogo con su estilizado ambient-house. Combinación infalible que aporta calidez tímbrica y estimula la imaginación, esa potencialidad del espíritu humano que tanto contraría la tediosa razón instrumental, como diría el bueno de Herbert Marcuse. ∎

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