La dilatada trayectoria de Liba Villavecchia ha estado marcada desde sus inicios por una búsqueda de espacios de autonomía improvisadora, más allá de los diversos géneros por los cuales ha discurrido. Su formación en el New England Conservatory de Boston, tutelada por maestros de la talla de George Russell, Ran Blake o Joe Maneri, acentuó su querencia hacia terrenos asociados a la libre creación, subrayando una visión ecléctica y nada restrictiva que se fue curtiendo a través de su paso por proyectos como La Coral Cósmica, Gringos, sus alianzas con el gran Agustí Fernández en Trio Local o en el cuarteto del pianista mallorquín y Libas Traum Trio, además de en una interesante crónica personal, también inmersa en el ámbito educativo.
Villavecchia ha remarcado en numerosas ocasiones que no concibe la música distante de sentimientos y emociones. Y tanto contenido como texto de crédito de este “Zaidín” así parecen expresarlo. De igual manera lo deben haber entendido los dirigentes del prestigioso sello portugués Clean Feed, una de las disqueras europeas que mejor apuesta por los proyectos más aventurados del enclave jazzístico contemporáneo, quienes no han dudado a la hora de incorporarlo a su catálogo.
Partiendo de esta premisa y tomando como disposición un trío liberado de armazones armónicos, junto al contrabajo Alex Reviriego y la batería de Vasco Trilla, el saxo alto barcelonés activó este proyecto pensando en convertirlo en tributo al tristemente oculto Thomas Chapin (1957-1998), aunque las sensaciones fueron creciendo hasta construir una propuesta con guion y sonoridad propias que, no obstante, no pierde de vista su inaugural estímulo con la lectura de “Bypass”, composición incluida en su momento por Chapin en su brillante “Sky Piece” (1997), registrado también en este formato instrumental. Tampoco falta una explícita dedicatoria al cineasta Andréi Tarkovski en “Nostalguíya”, por más que nadie obvie el potente influjo del genio Ornette Coleman en un trazado melódico convertido en uno de los primordiales atractivos de este notable álbum. El ponderado eje entre plano colectivo y fluida cuota individual y la capacidad para dotar a cada tema de pulso y atmósfera propios, saltando de la síncopa a la polirritmia, del motivo a la disonancia, suman puntos para un jugoso trabajo con vocación de inicio de trilogía, cuya continuación se espera desde ya con los brazos abiertos. ∎