Joe Boyd descubrió pronto quién es la estrella: a los 20 años, una chica que se le
“antojaba” (según su vocabulario de inspiración londinense) le dio esquinazo para liarse con
“su Dylaneza”, como recuerda en la página 35 de
“Blancas bicicletas”, obra publicada originalmente en inglés en 2006. Aun sí, pese a tan borrosas perspectivas, apostó por introducirse en el
show business participando en la organización de giras de blues y jazz como la que, en 1964, movió por Europa a Miles Davis, Dave Brubeck, Roland Kirk… y, en algunas fechas, Tete Montoliu. Cuadrar agendas, reservar hoteles y engrasar la logística de las giras convirtió a Boyd en hombre a prueba de grandes retos.
El libro los evoca con elegancia y detallismo, con una naturalidad narrativa no exenta de reflexiones tangenciales sobre el ayer y el futuro del imaginario pop. Son las memorias de un personaje con algo más de instinto artístico que comercial que detectó y explotó el talento de Vashti Bunyan y Maria Muldaur y que llora a Nick Drake, a Syd Barrett y a dos miembros de Fairport Convention, Martin Lamble y Sandy Denny. El testimonio de un personaje que no lleva muy bien el último recambio tecnológico.
“El acceso vía Amazon.com o iPod a esas cajas antológicas de antiguos cantantes de blues –o a Nick Drake, da lo mismo– no es comparable a la sensación de descubrimiento y conexión que nosotros experimentábamos”, reflexiona en el libro. ∎