Un aplauso para Bernice, banda canadiense con cuatro discos en diez años capaz de mantener intactos unos postulados musicales –entre la vanguardia, el dream pop, la electrónica y el jazz– tan singulares que la convierten en poco menos que legendaria.
Se formó en torno a la figura de Robin Dann, voz femenina susurrante e hija de músicos de orquesta sinfónica, con peso cada vez mayor en la escena de Canadá –con créditos para Marker Starling, Lido Pimienta, etc.–. Dann publicó en 2011 un primer largo donde ya figuraban los músicos presentes en su nuevo álbum “Eau de bonjourno”: el bajista Dan Fortin; el teclista Thom Gill; el cada día más demandado Philippe Melanson a la batería; o Felicity Williams, quien por cierto acompaña a Tamara Lindeman de The Weather Station en una agrupación escapista informal de versiones (Unclassic Classics). Ahora se les suma el talento como músico y productor de Shahzad Ismaily (Laurie Anderson, John Zorn, Moses Sumney, Sam Amidon…).
Tal como se reflejaba en su segundo trabajo, “Puff LP: In The Air Without A Shape” (2018), impresionan sobremanera las soluciones imaginativas de estos músicos. La manera de ensamblar sonidos –tintineos, notas sueltas– e insertarlos en una textura tan abrupta en la estructura como sedosa en el resultado. O sea, no es música fácil, pero al mismo tiempo se muestra relajada. En “It’s Me, Robin” asombra la deriva instrumental –¡cómo empieza y cómo termina!– y en “Big Mato” su capacidad de seducción subyugante, con un funk de gelatina angelical a base de devaneos –de lo concreto a lo rítmico– en “Empty Cup”. Mientras, en “Personal Bubble”, el saxo de Christopher Shannon apuesta por el free jazz, antes de que en “Lone Swan” nos vuelva a deleitar con algún tramo paisajístico que invita a remontarse a los Prefab Sprout primerizos. Ejecuten lo que ejecuten Bernice, por muy atonal que parezca, sucede desde el placer más armónico.
Lo mejor que puede hacerse es, ante semejante complejidad en los detalles, dejarse llevar por este flujo mágico hasta conseguir interceptarlo en algún punto y nadar entre sus interferencias celestiales. ∎