EP

CHIKA

Once Upon A TimeWarner, 2021

Hará cosa de medio año, en Barcelona. Conversación padre-hijo. Tema: recomendaciones musicales. ¿Conoces a CHIKA? No. ¿¡No!? Pues tienes que escucharla YA. Vale, vale. El que controla es el hijo, claro. Dieciséis años. El que no, el padre. Que soy yo. Voy a por el disco de debut de la rapera estadounidense, “Industry Games” (2020). Veo en su Bandcamp que antes sacó el autoeditado EP de cinco poemas “full bloom” (2017) y una ristra de singles (temas suyos, versiones, algún poema más). Y en YouTube descubro su “Tiny Desk Concert” para NPR Music. Flipo. WTF! Qué buena es. Pero qué buena. Acto de contrición, qué remedio.

Jane Chika Oranika, hija de inmigrantes nigerianos y de Montgomery (Alabama), hija del body positivity y del orgullo LGTB, tan admirada por Erykah Badu como no admiradora de ese admirador-contrincante-admirador de Donald Trump llamado Kanye (Omari) West, al que dedicó el 26 de abril de 2018 un vídeo que se hizo viral donde sobre su tema “Jesus Walk” escupió en mágico freestyle: “Kim te dio la caja y ahora sabemos que puedes mantenerla, no importa cuánto tengas o cuánto te haga falta, cuando ese cheque esté cobrado no olvides que tus hijos todavía son negros (…) Pensábamos que podías rellenar un vacío, pero eres una marioneta”.

A mediados de marzo, solo tres días antes de unos Grammy que la habían nominado en la categoría de “Best New Artist”, ha salido su nuevo EP, “Once Upon A Time”. Un título como de inicio de cuento de hadas. De hecho, así se llama el primero de sus seis cortes, “Fairy Tales”, donde colabora BJ The Chicago Kid. Le basta ese tema, que por cinco segundos ni dura dos minutos, para demostrar toda su fuerza y su duda (o la nuestra). A saber: la de si estamos ante una MC o una cantante de R&B. En todo caso, magníficas ambas. A lo largo de las otras cinco canciones se llega a dos conclusiones. La primera, que CHIKA no necesita ser una émula de Megan Thee Stallion ni apuntarse al club de clones de Cardi B para, si el guion lo pide, frasear sílabas como si fuera la cámara 2D más rápida y chula del mundo, de la misma manera que también es capaz (diría que las dos que he citado no) de derretirse, y ahí está la balada “Cinderella, Pt. 2”, como si fuera Teddy Pendergrass redivivo. Y la segunda conclusión, y ya acabo, es que de cuento de hadas aquí nada, solo cuentos reales, pues su deslumbrante estilo narrativo, de metáfora discreta e ingeniosa, se desnuda con coraje ante lo difícil de encontrar y tratar el amor verdadero, y es hasta capaz, como en “Save You”, la que cierra el EP, de enfrentarse a sus depresiones, retratando su mente como esa entrometida que se toma su tiempo para planificar una maldita fiesta de la lástima. ∎

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