Hoy esto no va de series, estoy harta de las series, me aburren, me amodorran, me irritan. Y como buena millennial descubriendo placeres inventados hace dos mil años, he decidido encender el televisor. Y no, no con el Chromecast puesto, no. Eso que llaman TDT y que de toda la vida de dios hemos llamado canales de televisión. Después de darme la palmadita yo misma en la espalda por haber descubierto el ocio del que disfrutan el noventa y cinco por ciento de los españoles, decidí analizar lo que ocurre con los programas, por qué unos gustan y otros no, por qué se hacen colectivos. Un análisis televisivo, lo nunca visto. Monegal, quítate tú pa ponerme yo.
Empiezo por la conclusión por si prefieres despedirte aquí: gracias a Twitter, la televisión tradicional nos permite sentir que formamos parte de algo. Ocio colectivo en tiempos de máximo seis personas, no se agolpen, abran las ventanas por favor. Imagínate que me pongo yo ahora a descubrirte las bondades de la comunidad y el aprecio que siente el ser humano por encontrar otros seres con las mismas afinidades, menuda pereza. Lo han escrito otras antes y mejor. Pero sí que me da la sensación de que en pandemia hemos aumentado las ansias de grupo. Los artículos, los tuits, los selfies, las fotos en stories buscan ese “y yo también”. Queremos sentir nuestra opinión validada a la vez que sentimos que formamos parte de algo. Los amigos de Twitter –ese concepto que no puedo sacarme de la boca– ha pasado a ser la manera más fácil de denominar a las personas que opinan, leen, ven y sienten las mismas cosas que yo. ¡Pero cómo pueden haber entrado 11 diputats de Vox, pero si iba a ganar la CUP! Sí, claro, y tu pódcast el más escuchado del mundo mundial según el EGM de tu timeline.
Pones un canal de televisión, un programa o el informativo y quieres comunicarlo, como una invitación, uníos, veamos el “TN Vespre” juntas, comentemos “La ruleta de la suerte”. Quién va a ponerse ahora a ver “Juego de tronos” sin poder compartir la tensión de la Boda Roja. Llegas tarde. Avui, això no toca. Necesitamos sentir que formamos parte de algo, aunque ello suponga bajar los estándares de calidad de lo que solíamos ver en pantalla. Es triste, sí, pero peor es asimilar que llevas seis días seguidos en el sofá sin cruzarte con nadie.
Y digo en tiempos pandémicos, porque me da la sensación de que hasta el ser que siempre se las ha dado de ir a contracorriente, el mismo que tiene “amante del buen cine” en su bio, ese cretino también está buscando lo colectivo. Porque una cosa es la soledad buscada y otra la soledad forzada. Y ahora mismo, amigas, estamos todas en la segunda opción. Solas, atomizadas y aburridas en el salón de casa, mirando la pantalla del móvil y buscando excusas para hablar, para conectar. Necesitamos temas de conversación más allá del “uh, parece que la curva de riesgo de contagios se ha aplanado”. Para esa matraca ya están las tertulias de las radios generalistas. Necesitamos un poco de alegría, cierto gancho que te ayude a arrastrarte por la semana, y si eso es en forma de ilusionarte porque los jueves es el día de “La isla de las tentaciones 3”, adelante.
Si tienes a medio timeline de Twitter hablando la “Isla”, ¿quién eres tú para proponer un plan mejor? Si el viernes por la noche, mientras te abres la segunda botella de vino en tu cocina, ves que esa DJ que antes solo colgaba fotos de fiesta está diciendo en sus stories lo caldeadito que está el debate en “Sálvame tómate”, pues te unes. A ver si te crees que una mira “MasterChef Junior” para aprender a cocinar. No, por favor, todo es para comentar, para tener la pantalla del móvil al lado e ir riendo los chascarrillos de Twitter mientras dices en voz alta “qué rápida es la peña de internet”. Ahora imagínate un debate político sin Twitter... ¿estamos tontos o qué?
De ahí que haya cadenas que primero miren Twitter, y ya si eso luego pensamos en el espectador medio que simplemente quiere algo de fondo mientras recoge la cena. De momento lleva la delantera TVE, imagínate cómo está el panorama. Pero han entendido que parte de la gracia de “MasterChef” o “Maestros de la costura” son los memes y clips que corren por el glorioso internet en paralelo al programa. Con los programas dirigidos a un target joven directamente se ponen todos los esfuerzos en lo online, y lo de la televisión que sea un más a más. Ah, bueno, sí, el contenido, je je. Hicieron pruebas con “Operación Triunfo” y salió bien, qué digo bien, salió mejor que la carrera musical de los mismos triunfitos. Había más recursos puestos en hashtags, canal de YouTube y clips de Twitter que en el vestuario de las galas. Y les salió bien porque su público está 5 horas de media mirando la pantalla del móvil. Yo he llegado a las 7h y 32 minutos en un día: supéralo. Y su nuevo éxito ha sido con un formato que directamente ha dejado de lado el televisor. Sí, sí, los mismos, TVE pasando la mano por la cara al resto de cadenas. Desde 2017 Playz es el laboratorio de contenidos digitales y experimentos varios de la televisión pública. Hasta ahora una plataforma que servía de refugio de series destinadas a ganar premios en algún festival con muchos hashtags y poco más. Señores trajeados recogiendo premios a la innovación y al contenido digital. Ahora han encontrado la fórmula perfecta con el programa de debate “Gen Playz”: poner todos los esfuerzos y dineros en YouTube y Twitter. ¿Que la gente quiere frases sacadas de contexto para criticarlas y hacer virales a personajes que nadie sabe a qué se dedican? Pues ya te lo hace el mismo equipo del programa. ¿Audiencia? Ni lo sé ni me importa. Viralidad y marcar los temas de los que habla internet y que después los periodistas acomodados en sus poltronas convierten en titulares: + 1000. Hasta el punto de que algunas señoronas del PSOE y las pesadas transexcluyentes –por no usar insultos en esta columna que intenta ser cortés– han pedido el boicot y su cierre. Más leña a la viralidad.
Mientras tanto, “la nostra” aka TV3 ha decidido “experimentar” con un programa presentado por dos adalides de la juventud, renovando así las caras que siempre vemos en televisión: no sé si los conoceréis, acaban de empezar, se llaman Jordi Basté y Mònica Terribas. Con “Nexes” han hecho todo lo contrario: intentar trasladar Twitter, los vídeos de TikTok, el juego del “yo nunca” al espectáculo televisivo tradicional. En “la nostra” llevan un lío tremendo. Me imagino las reuniones de nuevos formatos con los post-its traspapelados y conceptos random apuntados en libretas. Lo último que han presentado es un “pódcast multiplataforma” con charlas donde tienen al entrevistado en un sofá, podrían haberlo llamado late night pero resulta antiguo. Y “La resistencia” ya estaba cogido. Lo han llamado pódcast para luego explicarte que están en todas las plataformas de audio y vídeo menos en tu televisor. Y porque les ha permitido hacer el primer chascarrillo en Twitter de “¿Necesitamos otro pódcast?”. No me hagáis responder.
Plataformas como Amazon Prime han incluido ya el botón “Vídeo grupal” en sus películas y series, creando así un enlace que puedes compartir con amigos para ver la película del sábado al mediodía juntos y chatear en la misma plataforma con stickers. La misma estupidez que cuando te llamaba tu noviete con 12 años y te decía coge el discman y, a la que te diga, damos los dos play a la vez.
Sin los memes, las capturas, los cortes de vídeo y la ironía digital alrededor del visionado de “La isla de las tentaciones” yo no esperaría cada jueves como agua de mayo. Es mi día de reunión social, el día que me rodeo de más gente, lo más cerca a una conversación a gritos en un bar que sé que voy a estar. Pero, en vez de estar sentada en una barra, estoy en Twitter y con la televisión de fondo. Lo dicho, Jack, querido, empieza a reclamar qué hay de lo tuyo, que sin ti no somos nada. ∎