Como artistas, ¿os importa que los fans os pidan una foto si os ven en el aeropuerto o en un restaurante?
En absoluto, he de decir que fuera del espacio o festival en el que tocamos ha sucedido muy pocas veces. Después de tocar lo tomamos como algo normal, qué menos que si alguien viene a verte y le ha gustado el concierto accedamos por nuestra parte a que se haga una foto con nosotros.
Y como fans, ¿os habéis fotografiado alguna vez con alguien? Si es que no, ¿con quién os gustaría tener una?
Pues sí unas cuantas, pero de una manera más que justificada, casi sin necesidad de pedirlo. Hemos tenido ocasión de tocar en los festivales de cultura tiki y exótica, y especialmente en el Tiki Oasis de San Diego las dos veces que hemos tocado ha sido un no parar de conocer gente y también de estrechar relaciones con muchos músicos y bandas de las que somos fans y que nos han influido profundamente, y al descubrir que ellos también disfrutan y valoran de verdad lo que hacemos se genera una euforia colectiva que desemboca de manera natural en hacernos unas fotos. Por ahí por las redes tenemos nuestras fotos con gente de la Tikiyaki Orchestra, Martini Kings, Skip Heller e incluso el compositor de bandas sonoras Michael Giacchino.
¿Cuál es el último objeto cultural (disco, libro, película, cómic) que has comprado para ti, y cuál el que has comprado para otra persona... si es que compras aún?
He bajado el ritmo de compra pero sigo. Aprovecho sobre todo en los viajes. Mis últimas compras han sido durante la gira que hicimos L’Exotighost en agosto por California, en concreto en un gran mercadillo de discos que hacen en un aparcamiento de Pasadena el primer domingo de cada mes. Me fui de allí con una buena pila de discos de exótica y space age pop difíciles de encontrar por Europa. Lo último que compré para otra persona fue en Amoeba de Los Ángeles, un disco de las Suffragettes para Iván Castro, quien se ha hecho cargo precisamente del precioso diseño de la portada y arte del último disco de L’Exotighost, “Hawái está en tu mente”.
¿Facebook, Twitter, Instagram, TikTok o ninguno?
Twitter lo abandoné, en TikTok nunca he entrado, Instagram lo uso por necesidad pero empiezo a encontrarle el gusto a tanta demencia humana ahí expuesta y por Facebook espacio los paseos pero los disfruto bastante, y siempre obtengo mucha informació; es como cuando compras prensa escrita el fin de semana.
¿Hay alguna canción que te recuerde a tus padres?
Sí, dos de Labordeta, “Meditaciones de Severino el sordo” y por supuesto “Canto a la libertad”.
¿Y alguna música que ya no escuches más porque la has quemado o gastado?
No soy de quemar etapas, más bien de sedimentar y dejar la capa para volver a ella en cualquier momento. Sí es verdad que hay algunas músicas más extremas que he vivido intensamente y que ahora me cuesta un poco más escucharlas en grandes dosis. Por ejemplo, a finales de los ochenta me metí mucho en el grindcore y, a finales de los noventa, en la música contemporánea más árida y en el free jazz más bestia. A veces vuelvo también a todo esto pero en dosis más pequeñas que antes.
Aparte de músico, ¿qué otros empleos u ocupaciones habéis tenido?
María trabaja como profesora de percusión en una escuela de música, Juan en las oficinas de una entidad financiera y yo he combinado la música con labores como periodista, muchas veces centrado en música, con la tarea de llevar la comunicación desde hace muchos años de la Compañía de Teatro Clásico. Desde su fundación en 2009 soy colaborador habitual de ‘Carne Cruda’ bajo el alias de Señor Tropical. Ricardo Moreno es el único que ha vivido exclusivamente de su faceta como músico.
¿Por quién te cambiarías, si es que te cambiarías por alguien?
Por cualquier persona con la vida solucionada y tiempo libre; de llenarlo adecuadamente ya me encargaría yo.
¿Eres feliz? ¿Podrías recordar los tres momentos en los que crees haber sido más feliz en tu vida?
Sí, me declaro mayormente feliz. Más que tres momentos, puedo identificar tres etapas un poco más felices. Una: la adolescencia, que lejos de ser traumática fue sanadora porque se me abrió un mundo nuevo gracias a la música, el skate, el arte y muchas cosas que me dieron códigos para encontrar y aguantar en mi surco. Dos: la juventud media, de los 25 a los 35, la recuerdo como una mezcla de velocidad, relax y mucha información bien asimilada. Y la tercera es en la que todavía me hallo; tras el nacimiento de mi hija y los pertinentes dos o tres primeros años de reajuste de muchas cosas y muy poco dormir, la verdad es que es una etapa que estoy disfrutando a tope, a pesar de que no tengo apenas tiempo libre. Pero creo que lo equilibro bien y mantengo la mente bastante más clara y veloz de lo que yo hubiera esperado de mí mismo a los 50. La clave de la felicidad para mí es extirpar la nostalgia de tu vida, ese veneno.
¿Qué pregunta querrías que te hicieran y nunca te han hecho?
Esta misma, me gusta el metalenguaje, las cintas de Moebius y generar loops.
¿Cómo te definirías ideológicamente?
Claramente de izquierdas. Eso sí, huyo de lo doctrinario y de la militancia estricta. Como en la música, me gusta la amalgama y el pensamiento crítico y particular. Aunque he de reconocer que hace unos diez años me ilusionó de verdad un nuevo partido que apareció. La ilusión duró unos pocos años.
Un motivo para creer (todavía) en los políticos.
El mismo que hace 10, 20 o 100 años. Por mucho que nos llevemos las manos a la cabeza, si ahondamos en la historia todo se repite más o menos. A pesar del ruido y la nauseabunda puesta en escena hipercomunicada que vivimos ahora, siempre acabarán llegando ejemplares humanos que podrán cambiar algo para bien, para seguir avanzando en cuestiones de derechos, o recuperándolos si se llegan a perder, que es el temor que tenemos ahora.
¿La canción que te gustaría que sonase en tu funeral?
Serían dos: primero el “Bird’s Lament” de Moondog, para zarandear la parte más emo del momento; y luego el “Powerhouse” de Raymond Scott como representación del frenesí que ha sido mi vida (y que espero que siga siendo hasta el final). Una manera también de decirle a todos los presentes “venga va, ya está, sigamos, que el movimiento continúa y que cada uno vuelva a su engranaje personal”. Nunca he sido muy de lutos o solemnidades.
¿Cómo te ves y dónde dentro de 20 años?
Pues espero que con más tiempo libre y con una elasticidad mental y muscular no muy mermada para seguir haciendo todo lo que me gusta aunque sea a una velocidad más modesta.
¿Te buscas a ti mismo en Google alguna vez?
Lo hago muy de vez en cuando, sobre todo por si encuentro alguna foto o vídeo por ahí que me pueda servir o interesar, pero suelen pasar muchos meses sin que me acuerde de ello.
¿Qué titular con clickbait te gustaría protagonizar?
Toma ya, si protagonizas un titular con clickbait es que tu vida se ha disparado hacia la esfera pública. No sé, sería algo como “Este hombre ha demostrado cómo se puede vivir del aire…” y una vez que pinchas aparezco tocando el theremín y tal. Claro, eso sería en el caso de que algún día pudiera vivir solo de la música.
¿Qué plato podrías cocinar ahora mismo con lo que tienes en la nevera?
Una fritada (plato típico aragonés). Según la receta de mi familia, simplemente pimiento, calabacín, patata y cebolla, todo bien pochado a fuego medio con buen aceite en sartén, algo de sal y un toque de huevo al final.
¿De qué canción te gustaría hacer una versión que aún no hayas hecho?
Buf, serían tantas, todos los días me rondan unas cuantas canciones que querría versionar. Ahora mismo se me ocurre por ejemplo el “Man Next Door” de The Paragons.
¿Con qué otro artista, de la disciplina que sea, te gustaría colaborar que aún no lo hayas hecho? ¿Por qué?
Un artista que siempre me ha gustado mucho es Robert Williams, el padre del lowbrow art, porque su arte me llega de una manera muy sensorial; a veces miro sus locos cuadros y me suenan en la cabeza. Él ya tiene 82 años y anda medio retirado y a otro nivel, así que ha sido solo una ilusión.
¿Qué aparece en la última foto que tienes guardada en el carrete?
Una foto bien fea de una clave wifi.
¿Cuál es la última app que te has descargado?
Una app de la SEO Birdlife en la que hay una clasificación de aves y puedes escuchar todos los cantos de pájaros de la península, una maravilla. Es un universo sonoro increíblemente desconocido.
Si tu próximo disco se llamara como tu último mensaje de WhatsApp, ¿cómo se titularía?
“Vale”, así se llamaría. Ya publiqué uno con Dead Capo que se llamaba “Sale”, así que ¿por qué no? ∎