Vendaval de music hall. Foto: Samir Hussein (Getty Images)
Vendaval de music hall. Foto: Samir Hussein (Getty Images)

Concierto

Lady Gaga, esculpiendo su futuro

Anoche en el Palau Sant Jordi de Barcelona, Lady Gaga empezó su serie de tres conciertos en la Ciudad Condal para presentar las canciones de “MAYHEM”, su nuevo disco. Un show dinámico, con una apuesta escénica distinta a la habitual, que permitió el rencuentro de la neoyorquina con los fans de siempre y selló una alianza de futuro con los recién llegados. Hoy y el viernes repetirá en el mismo recinto.

Durante esta última década, Lady Gaga no ha parecido estar muy preocupada por mantener ese puesto de gran reina pop que se ganó gracias a “The Fame” (2008) y “Born This Way” (2011). Películas, documentales o esos celebrados discos de duetos junto a Tony Bennet dejaban al descubierto que la neoyorquina colocaba su punto de mira más allá de publicar discos que, no nos engañemos, cada vez tenían menor repercusión y trascendencia, pese a que álbumes como “Chromatica” (2020) hubiesen merecido mayor atención.

Con la edición de “MAYHEM” a principios de este año, Lady Gaga pensó que había llegado el momento de dar a su público lo que esperaba de ella, recuperando el espíritu de sus primeras obras, y salir de nuevo con una gira que no dejara indiferente a nadie. Y la jugada le ha salido redonda. Este “The Mayhem Ball Tour” con el que actuaba por quinta vez a Barcelona está siendo un retorno triunfal al ruedo del pop, y lo está haciendo bajo sus propias reglas.

Si hoy en día los escenarios diáfanos con inmensas pantallas LED son la tónica general de los grandes espectáculos, Lady Gaga le ha dado la vuelta al asunto presentándose con un escenario recargado, imitando un teatro decrépito que haría las delicias de cualquier aficionado a las películas de folk horror, y que no deja de ser un guiño a la gira “Born This Way Ball” que nos visitó en 2012, con aquel castillo de corte gótico que hubiese sido el sueño húmedo de cualquier banda de power metal europeo.

El resultón cóctel kitsch de la Germanotta. Foto: Samir Hussein (Getty Images)
El resultón cóctel kitsch de la Germanotta. Foto: Samir Hussein (Getty Images)

La artista declaró que el gran recibimiento que tuvo “MAYHEM” le inspiró a salir de gira de manera inmediata, pero cuesta un poco creerlo. Shows como este no se planifican de un día para otro porque durante las, ojo, casi dos horas y media que está sobre el escenario no paran de suceder cosas. Ante un público entregado de salida –mucho más joven de lo que cabría esperar, cuya presencia demuestra que ha salido victoriosa en su deseo de buscar un relevo generacional, y que iba armado con esas pulseras luminosas que daban a la entrada y que pedían que se devolvieran a la salida; no se lo digáis a nadie, pero me quede la mía de recuerdo–, Lady Gaga apareció con su resplandeciente traje rojo de más de tres metros de altura para atacar con “Bloody Mary” y un “Abracadabra” que ya puso a todo el mundo en un estado de euforia del que ya no bajó ni un solo momento. Se podrán decir muchas cosas de ella, pero pocas artistas saben sacar tan buen partido de sus virtudes y defectos.

Aunque sea en voz baja, no pasa nada por afirmar que el baile no es su fuerte, pero definitivamente eso juega a su favor: hubo muchas coreografías rozando lo kitsch y bailes a lo “Thriller” de Michael Jackson que no tienen precio y están a años luz de esas demostraciones coreográficas que se asemejan más a un equipo de gimnasia que a un cuerpo de baile. Tomando como referencia su nuevo álbum y sus dos primeros trabajos, la presencia del resto de su discografía es casi testimonial, pero el show muestra un equilibrio perfecto durante todo el recorrido. Vimos números escénicos imaginativos, como el de la fosa común en “Perfect Celebrity”, con el que abría el segundo de los cinco actos de que consta el espectáculo. Otros están hechos para sacar nuestra parte más hortera. La carabela que recorre todo el escenario en “Shallow” fue, obviamente, uno de los episodios más celebrados de la noche. Y lo de convertir el Palau Sant Jordi en una inmensa pista de baile a ritmo de “Born This Way’” fue difícil de olvidar. Aunque en algunos casos el show sufra de esos tics tan irritantes de los grandes recintos –como acortar canciones, cambiar arreglos, el drama de reconvertir “Paparazzi” en un tema que rozaba el AOR o que quiera jugar a guitar hero en un par de pasajes del concierto–, realmente Lady Gaga sabe cómo mantener el mojo en cada minuto que está encima del escenario.

Porque cuando Lady Gaga deja un poco su personaje de lado y pasa a ser Stefani Joanne Angelina Germanotta, encontramos las partes más valiosas del concierto: una divertida “Applause” sin guionizar, sus interpretaciones acompañadas por un simple piano en “Die With A Smile” o “Come To Mama” o ese esplendoroso número final con “How Bad Do You U Want Me”, donde una cámara sigue a la Gaga desde los camerinos, ya desprovista de maquillaje, y la acompaña hasta su última salida al escenario para darse el gran baño de masas de la noche. Es ahí cuando hay que rendirse y reconocer que estamos ante una artista diferente dentro del mainstream. Y tiene pinta de que su deseo –que el público siga estando ahí de aquí a veinte años; se lo preguntó, de hecho– se va a cumplir. ∎

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